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Gabriel García Márquez : Un preocupado por la soledad del hombre latinoamericano.
artículo [ Sociedad ]
Por Maynor Freyre

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por [NMP ]

2007-03-23  |     | 




Nació en Aracataca en 1927, nombre desconocido de un pueblo como los muchos que hay en Latinoamérica y que existió y casi despareció en Colombia. Cuando Gabriel García Márquez era un niño aún, hasta ese rincón desolado llegaron las fuerzas de represión del gobierno, con sus fusiles y sus sables, a acallar la huelga de los obreros bananeros. En Cien años de soledad, una de las novelas más leídas en estos días y laureada en el último Congreso de Escritores en Caracas, relata esto que ahora me narra verbalmente: “Después de estos sucesos nos fuimos para Barranquilla. Yo tenía ocho años apenas, y luego este hecho tendría gran significado en mi futuro”. Es que los recuerdos de la niñez le han brindado elementos básicos para comprender las cosas. Pero no es sólo aquello. La realidad cotidiana va poniendo en sus manos, en su ser, un material para crear. “América Latina es un continente mágico, pues la realidad está marcada por un sello fantástico, estupendo y maravilloso”.


“El que tirajes de cincuenta mil ejemplares se agoten sólo en la ciudad de su edición –sucedió con Cien años de soledad en Buenos Aires—significa que los escritores de aquí, latinoamericanos, ya podemos vivir de nuestros libros, pero también significa que son los lectores los que se han acercado a nuestra literatura, y ese acercamiento es la identificación de ellos con estas novelas, con su contenido, que es la realidad de América Latina, sacada a flote con todas sus purulencias, con voz de denuncia, por la literatura. Si no ¿por qué estarían leyéndolas? Y esto demuestra fehacientemente que estamos interpretando la realidad”.




Fumamos y me siento halagado de la sencillez de Gabriel, de su voz franca saliendo de entre su espeso bigote, y me fijo en sus ademanes nada estudiados al lado de su vestir sencillo.


“A mí me ha preocupado siempre la soledad del individuo latinoamericano, que es gente solitaria, con dificultades de comunicación. En Cien años... lo cuento. Conversando con Mario Vargas Llosa me dice que esa soledad se debe a su alienación”. El camino se va trazando mientras estamos sentados. Seguimos hablando y entonces vamos llegando.


“Las transformaciones sociales, políticas, se saben que vienen a nuestras tierras. No se sabe cuando (hoy, mañana, dentro de tantos años), pero vendrán. Es que yo creo que el destino, no sólo de Latinoamérica sino de la humanidad entera, es el socialismo”. Entonces sí que nos acercamos.


“Los debates que hoy existen son: por impedirlo, por apresurarlo, por diferencias estratégicas. Pero ya nadie lo pone en duda. Como nadie pone en duda que el sistema que rige entre nosotros es no sólo malo, sino que es ridículo, prácticamente medieval”. La voz de García Márquez ha sonado tajante, irrefutable, sincera.


¿Y la misión del escritor, cuál es? “Hay algo que podría parecer dualidad, pero que no lo es. Primeramente está la ideología, la formación política del escritor. Que le da una aptitud frente a los hechos, que se refleja en su obra. Mas yo no creo que el escritor tenga que dar soluciones en sus libros; hay muchas gentes que pueden hacerlo. Pero si debe plantear la realidad –el timbre de su voz adquiere visos de dictamen--, ponerla ante los ojos de la gente. Porque el poeta se diferencia en que puede ver el otro lado de las cosas y su función radica en dar a conocer su interpretación de la realidad”.


Ahora nos trasladamos a Cuba, donde García Márquez trabajara para Prensa Latina. “Diré que en enero voy allá como jurado de novela para la Casa de las Américas”. Y con estas palabras cree sintetizar el novelista colombiano lo que cataloga diciéndome: “soy solidario con Cuba por solidaridad con el socialismo”. Es decir que para él, Cuba –como me lo aseguró—es sólo espejo de lo que Latinoamérica será en el futuro.


Luego empieza a definir lo que considera res la misión del escritor: “Escribir bien, no bonito, sino con absoluta sinceridad. Pero nosotros queremos resolver desde ahora un problema, ya que estamos seguros que viene eso (el socialismo). Es mi convencimiento de que un escritor no puede renunciar a la crítica, inclusive en la sociedad socialista, tratando de buscarle un perfeccionamiento constante. Por eso los escritores que queremos al socialismo señalamos esto”.



Y es mentira que García Márquez tenga cara de palo: su rostro se ilumina cuando examina con seriedad el futuro de nuestras naciones. Y al pensar en el futuro de Latinoamérica no se puede eludir el retorno a Cuba: “En Cuba actualmente se edita todo tipo de literatura, incluyendo la que conlleva críticas. Es que el ser un literato que señala algunas deficiencias significa sino amar aún a lo suyo”. La mirada de Gabriel es diáfana, como si vislumbrase en estos momentos el alcance de lo que ha llamado “el destino no sólo de Latinoamérica sino de la humanidad: el socialismo”.


Por último, ya asediado por otros periodistas, ante los cuales reaparece lo que ellos han dado en llamar la cara de palo de Gabriel García Márquez, con la cual suele desorientarlos con respuestas sacadas de su fantasía, hablamos sobre Viet Nam. “Esa es una miserable intervención imperialista. Aunque fuera reaccionario lo explicaría así. Allí se está pisoteando la dignidad humana”. Y ya nos despedimos. Casi hemos susurrado nuestra conversación, como si fuéramos personajes en la clandestinidad reunidos en un pasaje de La mala hora, novela de Gabriel donde un alcalde, representante de la dictadura, determina un toque de queda, que hace despertar al pueblo hacia la rebelión.


Me alejo pensando que hoy, en nuestros pueblos de Latinoamérica, hasta para hablar de cosas como las que hemos tratado con el escritor, se necesita hacerlo quedamente.


Esta entrevista apareció en el semanario Unidad firmada bajo el seudónimo de Demetrio Manfredi Nº 150, del 15/9/67 y en Altas voces de la literatura peruana y latinoamericana publicada por el autor –Maynor Freyre-- en la Editorial San Marcos, Lima, 2000.


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