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La muerte no existe :: fragmento ESCRIVISIONES, que en esta ocasion dedico especialmente a Marta


La muerte no existe
ensayo [ ]
fragmento ESCRIVISIONES, que en esta ocasion dedico especialmente a Marta

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por Caseiro [Mariu]

2005-02-17  |     | 



ESCRIVISIONES. Por María Eugenia Caseiro [fragmento][XXI]
Continuación:

LA MUERTE NO EXISTE.

“Sabemos tan poco acerca de la vida.¿Cómo
podremos saber algo acerca de la muerte?”

Confusio.


Hablemos de la vida.


Llamamos muerte al cumplimiento de un plazo individual en el desarrollo de la existencia y la vida, a la cesación definitiva de las funciones vitales de cada individuo o ser vivo, sin embargo la vida prevalece sempiternamente por encima del concepto de la muerte, se conserva vivo un primer hombre en el hombre de hoy, cumpliendo el correspondiente ciclo evolutivo anatómico e intelectual: manifestación y eficacia de cada temporalidad.
Utilizamos el vocablo vida en sus diferentes acepciones (polisemia); para denominar el conjunto de propiedades características de los animales y los vegetales transmisible a la descendencia cuyo estudio es el objeto de la biología; para denominar la fusión de la materia y la energía, sus funciones y comportamientos de toda índole, a lo que se suman acepciones de empalme sociocultural y que abarca sentidos figurados desde lo filosófico, lo poético, y a lo largo y ancho de toda la naturaleza, los objetos, lo divino, en fin, el ser humano y toda criatura del universo, pasando por las visibles y las no visibles a simple vista, pero preferiblemente, lo elegimos para determinarlo, delimitarlo y reducirlo a ‘materialidad’ cuando decimos que es el período de tiempo entre el nacimiento y la muerte; igualmente lo denominamos existencia. La existencia o la vida en lo individual suele ser muy breve comparada con su concepto global.
Vivimos llenos de interrogantes, preguntas y más preguntas que han motivado al hombre desde sus inicios por la gran necesidad de conocer su ministerio en la vida. ¿A qué hemos venido a vida? ¿En qué se supone que debemos utilizar la nuestra?, esa “breve vida” que nos permite abrir una ventana al ‘ser’. ¿Por qué morimos?, incluso, ¿por qué se presenta la muerte cuando siquiera hemos averiguado nuestro propósito de vida?, ¿existe algo más allá de la muerte?

La muerte no es lo importante.

Antes de caer en un mar de preguntas deberíamos percatarnos que la muerte no es lo importante. La muerte es un proceso en el que cesan nuestras funciones vitales y abandonamos el ser, entonces ya no tenemos conciencia de nada debido a que dentro de la muerte no hay un suceder, o un acontecer. Esto puede ser un indicador para dar importancia a lo que realmente la tiene: la existencia y todo lo que ésta conlleva. La muerte entonces es parte de la existencia siendo, como lo es, el fin de la misma en lo individual, pero también su continuación en el proceso de renovación de la existencia y su perdurabilidad.
En la existencia si hay un suceder en el que tenemos conciencia de dicho suceder, y quienes vivimos, tenemos conciencia de nuestra vida, del deceso de los que vivieron y de la venida de los que aún no nacieron, que vistos desde esa perspectiva, también forman parte de los no existentes, pero con categoría relevo.
Esa ración de historia, ese plazo que nos toca vivir en que tenemos conciencia de su suceder, debe ser aprovechado procediendo en correlación con el momento histórico que nos corresponde legitimar por medio de nuestros actos. Nuestro cuerpo no es eterno, pero nuestra vida, que constantemente se renueva formando parte del proceso de existencia universal, incluso después de la muerte, es lo más importante que tenemos, y aquí valdría la pena citar nuevamente a Kafka, a quien ya mencionaba en la entrega #14 cuando dice que el poseer no existe y solamente existe el ser, pero yo agregaría con perdón suyo, que poseemos el don natural de ser.
Seguimos formando parte de ese proceso de vida aún después de la muerte, y la muerte forma parte del proceso de renovación de la vida, ya que en su momento todos los que han muerto estuvieron entre los vivos, y aunque parezca machacar sobre lo mismo, quiere esto decir que si la muerte forma parte de la vida y de los procesos evolutivos de la misma, la muerte importa mayormente como proceso evolutivo, aunque desafortunadamente, sintamos que algo se rompe o paraliza cuando nos afecta en el plano individual.
Estemos conscientes de que la vida mantiene la esencia fundamental, que en mi concepción personal va más allá del concepto de materia, y que no muere o no debe morir a pesar de las transformaciones. Esta esencia fundamental de que hablo no posee características individuales de destrucción o exterminio, sino que cuenta con la energía inmortal constituida por el conjunto de todas las cosas y en armonía con lo que algunos llaman Creación y otros Naturaleza, y a la que opto por llamar ecosistema cósmico.
Las características individuales de destrucción y exterminio de la vida están dadas por el individuo adulto con afanes distorsionados, aspiraciones que no están en concordancia con los cánones naturales (mágicos) de la existencia, tema en que si entráramos a profundizar, caerían una enormidad de factores, entre ellos el deseo, especialmente el del poder, que impiden el curso natural de la existencia per se.

La muerte no existe.

“Ah, y con respecto al otro mundo, / ay, ¿Qué se lleva uno al más allá? No el mirar, / aquí lentamente aprendido, y nada de lo que ocurrió. Nada.” Rainer Ma. Rilke.

Si pudiera estar seguro que la muerte no existe; en otras palabras, que la vida individual no se acaba, ¿emplearía usted su vida de la misma manera en que lo ha hecho hasta hoy? Medite sobre este asunto y si su respuesta es afirmativa, probablemente usted sea una persona muy afortunada, una de las que no abundan, porque ha sabido manejar muy bien el rumbo de sus pasos, alguien que ha podido mantener la lámpara del cuerpo encendida. Si su respuesta es negativa, vaya pensando desde ahora muy seriamente la mejor manera de darle brillo a su vida, de cambiarla favorablemente y decidirse a poner combustible en su lámpara, porque le aseguro que la muerte no existe. Yo le digo que la vida es eterna, le aseguro que porque su pellejo y sus huesos se hagan polvo un buen día, no dejará de haber futuro, y si categóricamente el hombre, que es el único de los seres vivos con capacidad para pensar y actuar razonablemente, pasa el transcurso de su breve vida (vida individual) pensando y actuando con miras al futuro, definitivamente puede hacer mucho más por ese futuro y al mismo tiempo por el período que dure su propia existencia; ¿cómo?: adquiriendo conciencia del verdadero concepto de perpetuidad e inmortalidad para poder alcanzar una percepción apropiada de la vida desde ese primer paso que dimos el día en que la humanidad dio comienzo al viaje que, esperemos, no terminará.
Nada muere definitivamente y si se ha previsto el fin del mundo y muchos otros finales en que se anuncia la desaparición de la vida, hasta hoy la manifestación de la existencia se revela totalmente a evidenciar tales aseveraciones Esa esencia cósmica a la que he venido refiriéndome desde el principio de este conjunto de ensayos sin que, en lo personal, recale tendencia esotérica o religiosa alguna, es hasta el momento una suerte de propagación de un soplo que emana de lo natural y se conduce a lo perpetuo, un mecanismo consecuencial entre el ser y la existencia en su habitat de tiempo-espacio, y tal como este mecanismo perdura integrando el fondo común en apariencia de materia (según la ciencia: espacios puntuados de electricidad que se “heredan” pasando de generación en generación en una suerte de genética), es además nuestra matrícula registrada a lo largo del tiempo en el espacio.
La existencia es mecánica de propiedades extendidas; la energía universal parece ser reciclada circulando en órbitas perpetuas y a la vez evolutivas, ámbito que igualmente corresponde a la esencia fundamental (el alma cósmica de fondo común), que constantemente se renueva de combinaciones, de reposiciones, de reaprovechamiento, que nos llevan a la evolución constante de la vida. Por ello el objetivo de optimizarla y reparar errores en los que el propio hombre ha incurrido, para que dicha evolución se dé partiendo de mejores asientos, y también del mejor aprovechamiento de los recursos naturales, del ser y la existencia, sin que de ello se desprenda, como suele suceder en muchos casos, el perjudicar a la naturaleza (por ende al ser), sino todo lo contrario.

Conciencia e inconsciencia.

Partiendo del concepto de vida individual o duración de la vida para el individuo, el diccionario nos da la siguiente acepción para la palabra conciencia: “Conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, de sus estados, de sus actos y de las cosas.” Incluso nos habla del consciente como un nivel de la estructura de la personalidad en que se tiene conciencia de los fenómenos síquicos. Si nos detenemos a consultar las acepciones para el vocablo inconsciente, encontraremos una larga lista de ellas entre las que cabe destacar la siguiente nota aclarativa:
“Las teorías de Sigmund Freud dieron importancia a la noción de inconsciente e hicieron de ella algo distinto del contrario de consciente. Los sueños, actos fallidos y síntomas neuróticos demuestran su existencia. Freud distingue en el psiquismo tres sistemas: el inconsciente, noción inseparable de la represión, que no conoce el tiempo ni la realidad exterior; el pre-consciente y el consciente. Mientras que el inconsciente sólo obedece al principio del placer- a la satisfacción inmediata de una pulsión, cualquiera que sean las consecuencias posteriores-, el sistema pre consciente-consciente se caracteriza por el principio de realidad: es capaz de diferir la satisfacción de una pulsión o de adaptar su fin en función de la realidad exterior.”

“La vida es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir.” Milán Kundera.

Para desempolvar un poco esas profundidades que encierra el vocablo inconsciente, sobreponiendo su prestigio ante la tarea que asume como demostrativo de lo no causal, utilizaré el vocablo inconsciente con nueva y fresca imagen.
Al hacer referencia a la esencia cósmica como un mecanismo del subconsciente común, de hecho lo estamos revelando con una propiedad vital, o con un valor conceptual, cuando fuera del concepto mente lo trasladamos en nueva moción para usufructo común; criterio sanamente especulativo y sin ánimo de convencer a nadie que no pueda convencerse por sí mismo de su fundamento.
Según Sir Francis Bacon, sólo obedeciéndola, se doblega a la naturaleza. Si puede hacer esto, también puede agregar un poquito de luz a las inquietudes de quienes se atrevan a poner en práctica algunos sencillos consejos, como una manera más de enriquecer nuestra vida diaria y honrar el alma, no al cuerpo animado que la encierra y la ata, porque finalmente ese cuerpo es envoltura transitoria y relativamente efímera, sin embargo el alma, como entidad de fondo común, posee la expresión de la inmortalidad y sus caracteres se heredan y transmiten naturalmente, ¿por qué no puede esa parte del inconsciente, ser parte de la concienciación?

Hablemos en futuro.

“Criatura más allá del tiempo y de la muerte de mi propia eternidad vislumbro el centro.” Sri Aurobino.

Los niños representan el futuro, por ende la prolongación de la vida y la perpetuidad de la misma; sin ellos no puede concebirse una visión del porvenir. Estas criaturas siempre están dispuestas, poseen una disposición natural para todas las cosas y en ello debemos poner especial atención. Ellos están dispuestos a compartir sus sentimientos; alegrías, temores, inquietudes..., también lo están para que nosotros los adultos hagamos lo mismo, y no sólo eso, si no lo hacemos porque creemos que ellos no son capaces de entender muchas cosas, están dispuestos a comprender que no lo hacemos precisamente por eso. Es de esta forma que a veces comparten con otras personas lo que no pueden compartir con sus familiares y allegados por no hallar eco a sus inquietudes. En ocasiones esto puede ser negativo si individuos inescrupulosos se aprovechan de la disposición natural de un niño para arrastrarlo en propósitos que como bien sabemos pueden ser de toda índole.
Mientras que muchos se inclinan a creer que a fuerza de golpe y porrazo aprende el hombre a actuar correctamente para lograr un mejor desenvolvimiento en la vida, conclusión a la que se ha llegado a causa de la tendencia fatalista que hace al hombre deslindarse y le impide ponerse alas para volar. Deberíamos aspirar a todo lo contrario, que ese buen desenvolvimiento fuera fruto de no repetir la experiencia negativa y hacer de la vida un círculo viciado. Sin embargo es hora de levantar reglas caducas aunque el criterio yace generalizado y ante tal perspectiva el mundo, en abrumadora mayoría, ha adoptado una actitud de cansancio y ha dejado correr la oscuridad y la ignorancia por mucho tiempo.
Es concluyente que si las viejas artes de enseñanza no han dado los mejores resultados, debe pensarse en una revolución educativa; educarnos a nosotros mismos es una muy buena manera de educar a las nuevas generaciones. Lo esencial es reconocer que lo que hemos hecho hasta hoy aunque se haya hecho mucho de bueno no ha sido suficiente y que necesitamos, partiendo del concepto como humanidad que somos y que todos y cada uno de nosotros conformamos la esencia fundamental del universo, analizar nuevas guías y contar con renovados conceptos para enriquecernos, canalizar y levantar el futuro de la caída a la cual sin proponérnoslo, posiblemente lo estamos propulsando; finalmente, vencer con ayuda de la auténtica magia de la vida poniendo proa a una mejor evaluación de nuestros recursos físicos naturales, a la amplia electiva del pensamiento, y valiéndonos de renovados e imperecederos conceptos, si es preciso de crear nuevas palabras que nos hagan reaccionar, acabar con la oscuridad y desenterrar el secreto que aunque hasta hoy parece nunca será librado de su hermetismo, puede ser sin embargo muy permeable si nosotros mismos cambiamos la manera de enfocarlo y ver las cosas para poder continuar con mejores armas, ese primer paso a la eternidad que diera el primer hombre, eternidad que nos atrae y obsesiona y que no es más que la prolongación ilimitada de la vida y la liberación de los conceptos, que a su vez estarán al servicio de nuestro desarrollo como parte de la misma, y finalmente contribuirán a la emancipación de toda capacidad y actitud para experimentar lo mejor de cada experiencia humana en el lapso de tiempo que hemos dado en llamar vida.
Debemos tener pleno conocimiento de lo mucho que podemos hacer nosotros, los que estamos aquí y ahora, adquiriendo la completa responsabilidad de vivir en nuestro tiempo y devolverle a la vida las maravillas con que nos ha dotado, con plena facultad de derecho sobre nuestras decisiones y acciones, al evaluar la influencia que nuestros actos pueden tener inicialmente en nosotros mismos así como también en el colectivo del cual formamos parte, de tal manera que finalmente, podamos aportar mucho más a la vida y a la arcilla moldeable de la esencia fundamental que son los niños, para mantener y prolongar la pureza de su universo. Para esto necesitamos primero recordar nuestra niñez, regresar a ella y si no la tuvimos, rehacerla, restaurar la magia y compartirla con ellos, nuestros familiares y amigos, también con todos aquellos que por deseo propio nos están cerca, con aquellos otros, que quieran o no, nos rodean, a su vez les estaremos dejando esa fórmula a los que estarán mañana, a los que estarán siempre.
La nueva fórmula de felicidad, como aquellas recetas de cocina que se han ido transmitiendo de generación en generación, es sencilla, pero como ya hemos dejado de ser niños, nos va a costar algo de esfuerzo y empeño.

“La madurez del hombre es haberse reencontrado, de grande, con la seriedad que de niño tenía al jugar.” Friedrich Nietzsche.

Una vez dispuestos, todo puede esperarse, especialmente que la energía metamorfoseada por el subconsciente común sea cada vez más positiva. Para nuestra intención nos atañe de manera muy especial, el vínculo con aquellos que han hecho posible que hoy seamos las personas que somos.

a.In Memoriam.

“Nadie más muerto que el olvidado” Dr. Gregorio Marañón.

Nos persigue una estirpe que no podemos negar, aunque hay casos en que debamos rechazar porque tristemente hay de todo en el mundo, por fortuna son mayores las evidencias de que disponemos para estar orgullosos de esa estirpe. Aun sin conocer nuestra remota ascendencia poseemos su heredad y la heredaremos nuevamente, es por eso que todavía podemos hacer mucho para que esa heredad florezca y dé mejores frutos. Nuestros remotos ancestros, pobladores del mundo desde los primeros días del hombre en la tierra dieron lugar y origen a las nuevas generaciones de hombres, a los nuevos sistemas y al orden de nuestros días, y así, de manera sucesiva e ininterrumpidamente, nos hemos ido forjando hasta llegar a “ellos”, los que hemos conocido de manera directa por compartir la experiencia de la vida en común, también a los que no hemos conocido sino a través de estos eslabones inmediatos que en la cadena familiar han sido el elemento clave al referirnos sus historias, al hacernos sentir esa presencia de nuestros ancestros en un lunar, en una marca, en el timbre de la voz o en ese rasgo de la personalidad y tantas otras características que perduran aún después del tiempo en nosotros mismos. A ellos; nuestros abuelos, padres, tíos, a los más cercanos de nuestros antecesores, a los que hemos amado desde lo profundo de nuestro ser a veces sin darnos cuenta, debemos el reconocer aquellos rasgos más significativos que habitan en nosotros; a ellos que son los motores capaces de mantener viva la luz del recuerdo porque a su paso por esa efímera envoltura dejaron grabadas en nuestras conciencias caracteres y ejemplos realmente significativos; a ellos les ha correspondido interpretar su papel en el paso por la vida, les ha tocado el honor de continuar el milagro de la existencia y transmitirnos, de una u otra forma sus experiencias. Sabemos que han actuado bien cuando nosotros, los que nos ha tocado estar aquí y ahora, aprendemos a desempeñar con justicia la etapa que nos corresponde para fundamentar a los que vienen a reemplazarnos mañana.

“Los hombres están hechos para entenderse / Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres / Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres /Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres / La de todos los tiempos."
Paul Eluard.

Mañana es futuro, ese ‘siempre’ con el cual soñamos, lo que nos sigue dando la idea de la inmortalidad. Esos vínculos que tenemos con nuestros antepasados, con todos aquellos a quienes ya no podemos abrazar físicamente, no mueren nunca, únicamente cambian para perdurar a través del tiempo y convertirse en lazos más fuertes, si así lo queremos: indestructibles; lazos que transmitimos aún a aquellos nuestros descendientes que no les conocieron si mantenemos vivo el recuerdo y honramos su paso por la vida contando sus historias, los rasgos que los hicieron perdurables en nosotros y que nuevamente podrán venir a vida con el nacimiento de un nuevo miembro en la familia, y especialmente, su ejemplo a seguir.
En nuestra mente está el poder de la inmortalidad, si mantenemos la hoguera encendida, nunca morirá lo que más queremos. Nada ni nadie puede matar el recuerdo: en nosotros está la opción.

Continuará….
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La siguiente entrega (#22), es la conclusión del presente
trabajo en el que podrán leer los siguientes tópicos:
Un Alto en el Camino.
Epílogo: AL OTEAR POR LA CLARABOYA.
y
Bibliografía y consultas.











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