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Del encuentro de poesía y política
ensayo [ ]
Juego de ojos Compilation: Juego de ojos

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por [MAGSA ]

2008-07-13  |     | 




El título de esta columna probablemente me costaría la patente de periodista en un país ordenado, pero en el “Reyno del A’isevá”, del “Qué Tanto es Tantito” y del “Todos Pintos”, los usos y costumbres son ley y así como sufrimos gobernadores “preciosos”, “piadosos” y “dañosos”, y expresidentes parlanchines que navegan por el mundo dando consejos que en su tiempo no escucharon, también padecemos columnistas que con toda impunidad publican cócteles tan poco probables como el que se enuncia arriba (aunque pensándolo bien, quizá escriba inficionado por la nerudiana “Incitación al nixonicidio…”). Vale.
Todo comenzó cuando en un ejemplar de 1939 de The Atlantic Monthly encontré el -para mí- alucinante artículo “Poetry and the Public World” de Archibald MacLeish, de donde tomé una breve cita para JdO del 10 de junio: “[…] habla de cómo la poesía y la revolución política encuentran terreno común en un mundo cambiante”.
Ello provocó la puntual respuesta del siempre atento Edmundo Murray: “Lo extraño es que el propio MacLeish le da a la poesía un lugar muy lejos de todo lo que no es (y la política, creo, está lejos del ser)”. Y cita, naturalmente, la sentencia lapidaria de “Ars Poetica”.
Mi respuesta fue que MacLeish publicó “Ars Poetica” en 1926, y que a mi juicio, en 1939 -una gran depresión, un “New Deal” y una segunda guerra de por medio- el poeta habría cambiado, y quizá trastocado su relación con el mundo.
Dice MacLeish en el 26: “Un poema no debiera significar / Sino ser”. El propio Edmundo enriquece este sentido con “otra cita que pinta de cuerpo entero este espíritu de literatura per se: ‘No se me hable de política; todo lo que me interesa es el estilo’ (James Joyce a su hermano Stanislaus, 1938).” Y no olvidemos la acre respuesta de Faulkner a la impertinente pregunta de un reportero: “¿Técnica? ¿Me habla usted de técnica? Si mi profesión fuera la de ladrillero le podría contestar… ¡Yo soy escritor!”
Alarmado por la eventualidad de una cita errónea, regresé al ensayo, que inicia (en traducción libre mía):
“Hay una muy buena razón por la que la relación de la poesía con la revolución política debiera interesar a nuestra generación. La poesía, para la mayoría, representa la intensa vida personal del espíritu único. La revolución política representa la intensa vida pública de una sociedad con la cual el espíritu único debe, pero no debe, hacer su paz. La relación entre ambas contiene un conflicto que nuestra generación entiende: el conflicto entre la vida personal de un hombre, y la vida impersonal de muchos hombres.”
Compartí de nuevo mis reflexiones con Edmundo. Respondió:
“El comentario es que la literatura anglo y europea considera que quien escribe sólo debe hacer eso, escribir. Nada de periodismo, política o activismo. No me acuerdo ahora pero al final del artículo MacLeish deja bien claro desde qué perspectiva escribe. Acá los escritores, allá el resto del mundo. En América Latina la literatura es ancilar a la cotidianeidad de nuestras vidas. No se concibe el escritor puro, a la Borges.
Y unos días después:
“Pero hay otra clave, que es la diferencia fundamental entre la poesía (y la literatura) del mundo anglo-euro con la del mundo latinoamericano. Dice al final del artículo y en tiempo futuro, que para los poetas ‘American as well as English ... the time is near’. Pero a esa altura del partido unas cuantas decenas de poetas ya habían dado la vida en América Latina por causas políticas; y ni hablar de las centenas de políticos que en algún momento de su vida incursionaron por la poesía. Pero digo mal; en Nuestra América no hay políticos por un lado y poetas por otro. Es todo una ensalada maravillosa de luces y sombras que a mí me presentan un poeta más humano que el purista de academia o biblioteca. Lo que para MacLeish fue una posibilidad de generaciones futuras, para gente como César Vallejo fue un rito de pasaje tan natural como hacer el amor en un cementerio. La mezcla de periodistas, poetas, políticos todavía aterra y fascina en algunos antros académicos euro-yankis”.
En Wikipedia hay una pista acerca del cambio que creí intuir entre el MacLeish de 1926 y el de 1938:
“El trabajo inicial de MacLeish era muy tradicional y modernista y aceptaba la postura modernista contemporánea según la cual el poeta estaba aislado de la sociedad […]. Posteriormente rompió con el esteticismo puro del modernismo. Él mismo tuvo gran participación en la vida pública y llegó a creer que éste era un rol no sólo apropiado, sino inevitable para un poeta”.
De regreso al ensayo de MacLeish, encontré que desde su perspectiva el meollo del asunto no es si la poesía “debiera” tener que ver o no con la revolución política. “El asunto de fondo es si la poesía es de tal naturaleza, y la revolución política es de tal naturaleza, que la poesía pueda tener que ver con la revolución política, ya que se puede proponer que la poesía debiera hacer tal cosa o no debiera hacer aquella […]: la poesía no tiene más leyes que las leyes de su propia naturaleza”.
Sigue una perspicaz reflexión sobre la naturaleza de la poesía frente a la prosa y de ambas en su relación con el arte, que llevan a MacLeish a proponer que no existen ciertas experiencias apropiadas para el arte y otras que no lo son, y que tal limitación tampoco podría considerarse en el caso de la poesía, pues “aquello que la poesía permite reconocer, puede ser cualquier hecho”. Y precisa: “La poesía es a la emoción intensa lo que el cristal a la sal que se condensa o la ecuación a los pensamientos profundos: liberación, identidad y descanso. Lo que las palabras no logran puesto que sólo pueden hablar, lo que el ritmo y el sonido no logran como ritmo y sonido pues carecen de habla, la poesía logra ya que su sonido y su habla son un conjuro único.
“Sólo la poesía puede lograr esa fascinación de la mente que razona, esa liberación de la naturaleza que escucha, esa solución de las deflexiones y distracciones de las superficies del sentido, mediante lo cual se admite, se reconoce y se conoce la experiencia intensa. Únicamente la poesía puede presentar las más íntimas y por lo tanto menos visibles experiencias humanas en forma tal que los hombres, al leer, puedan exclamar: ‘Sí… Sí… Así es… Es así como realmente es.’
“La verdadera maravilla no es aquella que los diletantes literarios dicen sentir: la de que la poesía deba ocuparse tanto de un mundo público que tan poco le concierne. La verdadera maravilla es que la poesía se ocupe tan poco de un mundo público que le concierne tanto”.
¡Carajo! ¡Mi reino por un poema!

Molcajeteando…
Primero una pública petición de ayuda: para compartir con los amigos de JdO el ensayo de MacLeish, se solicita traductor al español (ocho páginas). Como pago anticipado vaya aquí el “Ars Poetica”, con versión al español de Benjamín Valdivia:
Archibald MacLeish. “Ars Poetica” (1926).
A poem should be palpable and mute / As a globed fruit, / Dumb / As old / medallions to the thumb, / Silent as the sleeve-worn stone / Of casement ledges where the moss has grown -- / A poem should be wordless / As the flight of birds.
A poem should be motionless in time / As the moon climbs, / Leaving, as the moon releases / Twig by twig the night-entangled trees, / Leaving, as the moon behind the winter leaves, / Memory by memory the mind -- / A poem should be motionless in time / As the moon climbs.
A poem should be equal to / Not true. / For all the history of grief / An empty doorway and a maple leaf. / For love / The leaning grasses and two lights above the sea -- / A poem should not mean / But be.
***
Un poema debiera ser palpable y mudo / como un fruto redondo, / mudo / como los viejos medallones al tacto, / silencioso como la piedra gastada / de los balcones donde crece el musgo— / Un poema debiera ser sin palabras / como el vuelo de los pájaros.
Un poema debiera estar inmóvil en el tiempo / conforme sube la luna, / y dejar, como libera la luna / rama por rama los árboles enredados de noche, / dejar, como la luna tras las hojas del invierno, / recuerdo tras recuerdo a la mente — / Un poema debiera estar inmóvil en el tiempo / como la luna al salir.
Un poema debiera ser igual a: / no es cierto. / Para toda la historia del dolor / un pórtico vacío y una hoja de maple. / Para el amor / los pastos inclinados y dos luces sobre el mar — / Un poema no debiera significar / Sino ser.



Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla.
2/07/08

sanchezdearmas@gmail.com


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