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El Hombrecillo del Rompecabezas
prosa [ ]
traducción Maria Păcuraru y Daniel Julio Iglesias

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
por [tincuta ]

2010-09-07  |     | 



Siempre que paso por una librería, siento como mi corazón resalta. Que tengo dinero o no, que necesito algo o no, yo entro al menos por unos minutos. Paso por los estantes de libros, acariciando los talones, abro unos cuantos pasando, la vendedora está mirándome, a continuación miro los juguetes en minutos largos, a veces sonrío a una muñeca divertida, la vendedora me pregunta si me puede ayudar en algo, yo le respondo que no. Tal vez si te vuelves con la espalda, pienso yo, luego sonrío, camino mas adelante, al sector de la felicitaciones.
Felicitaciones por onomástica, de bautismo, de boda, por aumento de salario, por concesión de años laborales, ...ah! no, esto no lo vi en ninguna parte. ¿Cómo sería recibir una felicitación que se te aumentó la tarifa con un 2%? ¿O recibir un telegrama de consuelo que se te recortó un 5% del sueldo debido a tal negligencia en el trabajo?
Leo las postales coloradas y unas tienen un mensaje de verdad increíble. Un bebé con gafas para Sol y un cigarrillo en su boca que transmite a sus padres que se está bien en la playa.
Cogería estas felicitaciones y las pondría en una sola, para que pierdan su identidad. Si todos estas postales coloradas, de toda la Tierra, se pegaran entre ellas, la felicitación sería astronómica, y podría verse desde la Luna como la Gran Muralla China.
La vendedora pasa por mi lado y veo como pierde la paciencia.

 ¿Quiere Usted. algo, o simplemente pierde el tiempo?

Ahora sé, la postal astronómica tendría un mensaje sencillo:¡Cállate!

Le sonrío a la vendedora y le digo que mi tiempo lo he perdido hace mucho. Ahora solamente lo recupero. Ella me mira extraño, probablemente me considera contagiosa y se retira despacio. Sin embargo, con los ojos sobre mí. Tiene los ojos pequeños como dos líneas. Probablemente piensa que quiero robar algo. Pero incluso, si nunca entraría en una librería para robar, ahora desearía robar algo, al menos un pluma, para ver cómo pone los ojos grandes. Al menos por un momento. Sonrío. En dos días voy a tomar vacaciones. Y voy a estar en casa días enteros. Me voy a agachar en un sillón con un libro en mano, y tomaré café. O sea, voy a descansar. ¿Por qué todo el mundo se va de vacaciones, invadiendo los trenes, las carreteras, los aviones? ¡Ves por todas partes personas con valijas llenas de ropas ridículas, toallas y calzoncillos de cambio! ¡Como si no pudieras morir si no estuviste en Tenerife! Los únicos recuerdos son las fotografías que miras como un desesperado una semana, dos, después las abandonas, porque tienes siempre otros problemas por resolver.

¿Entonces? Es mejor quedarse en casa. ¿Toallas de hotel? ¿Equipaje con ropa sudorosas? ¿Tonterías compradas en el stand? ¡Es posible que desees que se te pegue el lugar en la piel como un tatuaje, para que a la vuelta se vea por dónde has estado!

¡No, mejor en el sillón con un libro en la mano! Viajo solamente con mi mente. No necesito ningún pasaporte, boletín de identidad, no estoy en la frontera, ni se me hinchan los pies en el autocar. Puedo abrir la boca de oreja a oreja sin que nadie me diga nada que no es bonito, puedo ir en calzones y top corto. Nadie no se burla por donde paso. ¿Y luego, quién sabe que estoy ahí?

Cada año, me compro en las vacaciones un rompecabezas. Lo extiendo sobre la mesa y trabajo en él varias semanas. Automóviles, casas y castillos, escenas de historias. Cuando logro combinar la última pieza, soy feliz. Creo que ostento una sonrisa estúpida, suerte que nadie me ve.

El último rompecabezas hecho fue un paisaje de los países nórdicos. Tres semanas estuve ajustando las hojitas de las rosas y las nubecillas blancas entre las ramas del árbol. A veces no lograba encontrar más de cuatro, cinco piezas por día. Para el perrito de la torre he trabajado dos noches seguidas.

Me elijo un rompecabezas del estante que tiene un hombrecillo, lo llevo a la vendedora, me sonríe y me pide 35 leis. Bastante caro, pienso yo, de todas maneras no voy a ninguna parte de vacaciones.

 ¡Va a estar feliz su niño!
 ¡Es lo que vas a estar! Me apresuro yo para salir

¿Por qué la gente cree que todos los que compran juegos y juguetes tienen necesariamente niños? Me irrita también el etiquetado: “para niños entre ... y ... ". ¿Pero, juguetes para adultos? ¡No juegos de ordenador, esto no! ¡Juguetes para adultos! ¿Alguien pensó que a veces los adultos quieran jugar? Los adultos tienen servicio, tienen responsabilidades, están pensando en el fin del mundo, tienen aspavientos y frustraciones, pero no tienen tiempo para juego. O no tienen gana. Incorrecto. Totalmente equivocado. Quiero por una parte jugar. ¿Qué hay que pedir permiso de una vendedora de libros para mí para jugar?

Pago 35 leis y salgo. ¡La vendedora está cansado como después de un salto en paracaídas!

Trabajo ya una semana con el rompecabezas. Está hecho a mitad. Después de cinco días mas de trabajo frenético, lo terminé. 1500 piezas. Cuidadosamente colocadas. No comí de hoy por la mañana: la imagen final: un hombrecillo en un jardín de rosas. ¡Hermoso, pintoresco! Me inclino y lo beso. Estoy cansada. Me tumbo cómodamente en el canapé y me duermo. ¿Una hora, dos? Dormir sin sueño. Cuando abro mis ojos, una voz clara y fiable me pregunta:
 ¿Quieres un café?

Salto rápidamente y veo a una persona en la habitación.

 ¿Quién eres tu?
 ¡El hombrecillo del rompecabezas!
 ¡Tú! ¿En serio?
Me muerdo el dedo pequeño. ¡Grito! Me duele. ¡No es un sueño!

 ¡No te muerdas mas por gusto, que no sueñas!
 ¿Qué buscas en mi casa?
 ¿Bueno, no me trajiste tú? Me has comprado, me has incorporado, ahora estoy listo, nuevo, nuevecito. ¿Te pregunté si quieres café?
 ¿Sabes cómo hacer café?

En el próximo segundo, el hombrecillo salió zumbando por la puerta.

 ¡No te olvides de la cocina encendida, que te matas!

Me acuesto y espero. Sonrío. Luego río de verdad. Soy una mujer loca. ¡Estoy en cama y espero! Por la puerta entra el hombrecillo con una taza con vapor de café, la pone sobre la mesita al lado de la cama, con la destreza de un viejo camarero.

 ¡No dejaste la cocina encendida!
 ¡No!

Saboreo el café. Gustoso y muy aromático. Debo reconocer que lo domina mejor que yo. Mientras me tomo el café el silba. Tan sencillo como una campana. Tengo ojos grandes. De asombro. El hombrecillo del rompecabezas llevó la taza, la lavó, ordenó la cocina.

 ¿Qué más sabes hacer?
 ¡Cualquier cosa!
 ¿Cómo te llamas?
 ¡Como quieras tu!
 ¡No te puedo llamar de cualquier modo!
 ¿Por qué no?
 Que eres todo una persona de naturaleza.
 Con esta altura que tengo ni siquiera soy humano.
 Pero te ves bien. Estás realmente gracioso.
 Gracioso di a un bebé no a un hombre. ¡Me han hecho casi borrado! Se han equivocado en la producción de la intensidad del color. Al principio yo era más morenito.
 ¿Y con qué te molesta?
 ¡Me parecía a Antonio Banderas!
 ¿Y ahora?
 ¡Ahora soy así!

El hombrecillo del rompecabezas ordenó las facturas del refrigerador , me pago E-ON Gas por dos meses, que estaba pendiente, aspiró toda la casa. Por la noche estábamos en el balcón y numerábamos las estrellas.

 ¿No quieres ir a ningún lugar?
 ¿A dónde me llevarías?
 ¡En todo el mundo, donde quieras tú!
 ¡No quiero ir a ningún lugar!
 ¿No te aburres? ¡Vamos a hacer algo! ¡Vamos a plantar rosas delante del edificio!

Al día siguiente, el hombrecillo del rompecabezas y yo hemos plantado 50 mugrones de rosas al frente del edificio. Al inicio hemos hecho un círculo, y luego rayos de rosas blancas, rosadas y rojas. Las del medio eran de color amarillo. Tenía una pequeña pala de jardín, que utilizábamos alternativamente. El hombrecillo del rompecabezas trajo mugrones de rosas, todos del rompecabezas.

 ¿No hacemos mal plantando rosas en medio del verano? ¡Sabía que el otoño es la temporada!
 ¡No!

¡El hombrecillo me dice un secreto! Si les das los buenos días a las rosas y les dices que son hermosas, te lo recompensarán con flores durante todo el año.

 ¡Son muy sensibles a los halagos! Y luego cuando las plantas tal como a un Sol, tienen la fuerza de florecer siempre, es un secreto ... pero mira, ¡me haces decírtelo!

Traemos una manguera para humedecerlas. ¡El agua gorgotea en nuestro pequeño jardín! El hombrecillo tiene deseo de jugar y me moja con la manguera. Luego, yo también lo mojo.

 Lo siento, he dicho cortada. He olvidado que eres de cartón y te mojarás.
 ¡Se trata de un cartón especial, queda tranquila! ¡No me mojo!

Los vecinos pasan y admiran nuestro Sol de rosas. El hombrecillo tuvo razón.

Después de varios días, las rosas enflorecieron. En el centro, el Sol es amarillo y los rayos rojos, blancos y rosados. Es una maravilla. Cada día las humedecemos y nos mojamos con la manguera. Le damos los buenos días y le decimos lo hermosas que son. Ellas se inflan y se pimpollecen de emoción. La jefa del edificio pasa por al lado nuestro y nos apostrofa.

 ¡Señora, usted ve, tal vez registre una persona más en la gestión de mantenimiento! ¡Ya sabe, pare que no se molesten los vecinos!

¡Quisiera decirle que el hombrecillo es solamente mío! ¿Cómo puedo registrar en la gestión de mantenimiento a un hombrecillo de cartón? ¡Incluso si es un cartón especial! Pero no puedo decirlo para que no me sospeche de enfermedad psíquica. Me satisfecho con darle una sonrisa. El hombrecillo del rompecabezas me hace café, me hace la cama, me adivina mis pensamientos, es mi mejor amigo.

Sólo tengo un día de vacaciones. Y el hombrecillo está al borde de la cama y llora. ¡Digo, no sé si llora, pero está triste! Hizo limpieza en toda la casa. Puso todas las cosas en su lugar. Le pregunto que le pasa.

 ¡Quiero irme!
 ¿Por qué?
 ¡Tu irás al trabajo y yo no puedo estar solo!
 ¡Pero voy sólo por 8 horas!
 ¡No puedo estar ni una hora! ¡Este es el defecto del hombrecillo del rompecabezas!

Se levanta en los pies. Lo cojo de la mano, luego quiero pararlo y agarro un dedo. Este se desprende y queda en mi mano. El hombrecillo se hace pedazos pequeños, pequeños, caen en la alfombra. Me apresuro y los recojo, pero no soy capaz de ajustarlos. Los recojo de prisa y los asiento en la mesa en medio del jardín de rosas.

Esta vez lloro yo. No he podido conseguir poner el hombrecillo en su lugar. Me quedó solamente el jardín de rosas delante del edificio, el cual lo cuido con cariño. Las rosas enflorecen de tantas veces que les digo: ¡Buenos días!

Los vecinos no sabrán nunca que son las rosas del rompecabezas!


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