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Despre Boierism: manifest si razie
Mesa redonda
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- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 2008-04-19 | | Miraba por la ventanita de mi cuarto las gracias de un colibrí, que en danzante vuelo iba de las flores de una heliconia a otra. Todo estaba en paz. El día soleado, acompañado de un viento suave. Era temprano en la mañana. Un día de abril. De pronto, todo se conmovió. Como si un terremoto de gran intensidad estuviese ocurriendo. El viento empezó a formar un vórtice a mí alrededor. Empecé a girar y todo los objetos conmigo. También se removieron mis ideas, mis sentimientos. Mis ojos y oídos se afinaron y empezaron a presentir otras dimensiones. Se amplificaron los sonidos. Toda forma creció monstruosa. Todo se salió de madre. De los cuadros bajaron los colores y las líneas, caminaron solas y se dirigieron a mí. Los libros cayeron de las estanterías y, descuadernados, dejaron salir volando, con alas de verdad, todas las hojas. Margaritas deshojadas. Se me fue cayendo la piel, se desintegró mi carne y mis huesos agarraron camino. Mi sangre se acomodó solita en ánforas de arcilla que yo misma había fabricado. Y todos como enloquecidos de sed, la bebimos. Era un caos, el mejor caos organizado, pues todos, esos entes y “yo”, teníamos independencia. Todos vivíamos por nosotros mismos. Y así listos, cada uno esperó la llegada del nuevo Amo de la casa. Y llegado él, ordenó el inicio de la fiesta. Fue el narrador de épicos sucesos. Con su lengua de miel, como la del poeta aquél, con palabras de sabores de frutas hechas, cantó amores idos y futuros. Y empezó el ritual. Ejerció el sagrado oficio de hierofante en el templo de la diosa de la Verdad. Cada uno de los que allí estábamos, sumidos en el silencio, comulgamos con el amor que este nuevo Amo nos ofrecía. Su oración cadenciosa inició el frenesí. Su voz dibujó figuras que ninguno conocíamos. Dibujó mundos lejanos donde los amantes se funden. Con sus cantos impelió en todos nosotros ansias de “firmamentos y tempestades”. ¿Vino para quedarse? Sí, lo presentí al instante. Mi “yo” necesitaba un interlocutor, necesitaba un maestro. El será mi maestro. Libertad. Esta esclava insumisa no agachará la cabeza, oirá y se dejará llevar, pero sin cadenas.
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