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· Rembrandt. Pintor de historias
Artículo
Despre Boierism: manifest si razie
Mesa redonda
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- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 2008-04-19 | | Giré la cabeza. Unos pasos más allá me esperaba la ventanita de mi cuarto. Me dirigí allí. Recosté mi cabeza en el marco. Mi mejilla pegada al frío cristal. Con los ojos semicerrados buscaba evocadoras imágenes del último éxtasis. Mente y cuerpo afiebrados. Sed de frenesí. Rítmicos vaivenes. Corte de Amor de Carmina Burana. Estaba él, mi recién iniciado, buscando de nuevo la Terra. Mí Terra. El colibrí de siempre, adueñado del néctar de las flores de mi jardín, suspendido en el aire por su veloz aleteo, aleteo que también ocurría igual o con más velocidad en mi vientre. En ese instante era testigo de nuestra propia metamorfosis. Mi jardín y yo fuimos uno. mi amado y el colibrí también. Tuve consciencia de la mágica excitación que les produce a las flores el pico del colibrí en sus coloridas corolas. Cada instante vivido y sentido tomaba el color de cada una de ellas. Morado pálido de las catleyas, amarillos y rojos de las heliconias. Aparecían también los tonos de todas las bifloras. Todos vibrábamos con la misma intensidad. Habíamos entrado al vórtice. Habíamos transpasado el umbral. Todos éramos el mismo Eros. La canícula nos envolvió. Nuestro sudor corría como río de lava que, en el pie de loma se convertía en delicioso vino tinto y dibujaba las sinuosidades de nuestros cuerpos y bajaba sonriente. Mi amado colibrí aleteaba al ritmo de la Corte de Amor de Carmina Burana. Una explosión inesperada nos disparó hacia el infinito. Saetas. Luces de mil colores. Viaje hacia lo desconocido. Muerte. Consciencia de mundos lejanos, donde vimos apartes de nuestras vidas pasadas. Encontramos una respuestas. Éramos errantes eternos, buscándonos a través del espacio y el tiempo. Éramos el mismo Éter. Amantes que por evos renunciaban, siempre parados en el borde de aquel legendario despeñadero. Oimos una multitud que nos gritaba desde siempre: “Morirán de nuevo sin poder sus rostros mirar. Tocarán sus almas una y otra vez, pero, jamás saborearán sus bocas, ni sus cuerpos algún día gozarán”. Plano físico vedado. Escalofríos. mucho llanto. Entrañas estériles, destrozadas. Crujir de dientes. Después de esta visión, todo terminó. Respiré profundamente. Arrastré mi cuerpo cansado por el largo viaje. Volteé la cabeza. Mi ventanita ahí mismo. Mis mejillas heladas. Había estado con mi barquero. Sentí un dolor-ardor recorriendo mi columna. mi bajo vientre encabritado. Hambre… Mucha hambre de besos, de caricias. Ojos entrecerrados. Boca a punto de gemido. Luz potente. Plena luz del día. Miles de ojos mirándome. La nada. Sola. Siempre sola. Música de Carmina Burana acariciando con sus coros mis oidos… Mi fiebre se apagaba, se apagaba… Y de nuevo al errabundo barquero soñaba y esperaba. …
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