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· CUANDO LA LLUVIA...
Artículo
Despre Boierism: manifest si razie
Mesa redonda
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- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 2008-05-20 | | ¡Durante cuántas vidas has callado por falso recato, por miedo o, simplente por que te han ignorado! ¿Qué tanto has visto y oído? Despréndete la mordaza y cuéntanos las historias que sobre ti, como avalancha han pasado. ¿Quiénes te han adorado y quiénes te han maltratado? Detállanos las obras preciosas que has hecho y de las cuales no existe reconocimiento. Cuéntanos por cuántos caminos han transitado tus pies y cuántos paisajes hermosos han bebido tus ojos. ¿Cuántos niños y niñas pariste y a cuántos de ellos antes de crecer viste morir? ¿A cuántos hombres has amado y cuántos de ellos te han hecho sufrir? ¿Cuántas batallas has peleado para defenderte a ti y a tus hijas, de las garras depredadoras de villanos que por la fuerza, y amparados en el derecho cruel de pernada, te arrancaban a ti y a ellas, la dicha de la primera noche? ¿Cuántas veces has luchado el pan, el vestido y el techo tuyo y de tu prole? ¿Cuántas veces has tenido el derecho de elegir a tu amor? ¿Cuántas veces el macho te ha permitido contar tus razones? Hermana de alma, madre, hija, maestra, amante, amiga, la humanidad pervive por ti y en ti. Sin embargo todavía estás en pie de lucha, buscando el respeto de los derechos tuyos y de todas las de tu género. Fundaste la agricultura, pues guardabas las semillas para que alcanzaran para todos los miembros de la familia, en las épocas de gran escasez. Con ese sentido maravilloso de observación permanente con que Natura te ha premiado, viste germinar las semillas que habían caído al suelo húmedo de las cuevas y allí se desarrollaban. Domesticaste cada una de esas primeras especies de plantitas que a ti se arrimaron, las cuidaste como a tus propios hijos, mientras tu hombre salía de correría a buscar caza y pesca para traer a la cueva. A ti también corresponde la domesticación de los primeros mamíferos. Tu hombre dejaba a tu cuidado pequeños cabritos y ovejas, a las que luego ordeñaste cuando no había más comida que la leche que de ellas obtenías. Fue tuya la idea de cubrir con las pieles de animales los cuerpos desnudos de los tuyos cuando arreciaban las gélidas temporadas de invierno. En mullido lecho cubierto con cueros que aprendiste a suavizar para que no tallaran, arropaste a tus hijos y recibiste a tu hombre. El fuego quedó a tu cuidado, eso te hizo la primera sacerdotisa y eras tú la encargada de pedir a las fuerzas de la naturaleza para que no se apagara. De ti nació la idea de la cocción de alimentos, para que fueran más tiernos para su ingesta. Molías los granos para amasar los primeros panes y tostarlos en el fuego sagrado, del cual eras dueña y señora. ¡Cuántas soledades! Cuántos días y noches haciendo de hembra y macho para que todos los miembros del grupo estuvieran bien. Cuántos llantos y suspiros a la luz de la Luna. ¿Conociste el amor sensual? ¿Sentías solo el apego a tu grupo y a tu prole? Eva, cuéntanos todo, para que nuestra imaginación desbordada no arme leyendas. Déjanos saber más de lo que hiciste pues el libro que escribiste y que está guardado en el archivo de los tiempos, no nos ha sido entregado. Madre, amiga, el tiempo está tardo en el reconocimiento de tus obras, pero muchas trabajaremos para que se vea tu hacer y amor infinitos por todo lo que existe.
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