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· Rembrandt. Pintor de historias
Artículo
Despre Boierism: manifest si razie
Mesa redonda
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- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 2008-06-10 | | Fui a la Cámara del Rey en respuesta a un llamado pero lo encontré dormido. ¡Qué magnífico aposento! Tiene vista hacia todos los lugares. Desde allí se pueden mirar los Universos creados, desaparecidos y por crear. Pude divisar la llegada de la “Chispa Divina” al cuerpo humano. La inmersión de la “Vida” en todos los reinos de la naturaleza. En uno de los muros había una placa con marco de oro, con una inscripción que decía: “La Vida duerme en el mineral, sueña en los animales y se enseñorea en el ser humano”. Seguí el recorrido observando curiosa. Atrapó mi atención el salón de los vestidos del Rey. Entré allí con un sentimiento de recogimiento devocional. Vi muchos armarios y dentro de ellos muchísimos trajes. Estaban catalogados en dos grupos, el primero contenía ropajes de cuatro estilos, bellísimos pero muy complicados, diría mejor, recargados, para vestir el "yo inferior" o personalidad. Con estos, según entendí, se visten el cuerpo físico, el etérico, el emocional y la mente concreta. En el segundo grupo, los trajes eran de tres estilos, de finura inimaginable, sutiles, preciosos, de mucha sencillez, específicamente para vestir la individualidad o "Yo superior". Con estos el Rey manda a sus ayudantes a cubrir al cuerpo mental superior o mente abstracta, el intuitivo y, el último armario, que más que eso era una vitrina del más fino cristal, contenía unas vestiduras echas de hilos de oro y plata, vaporosos, extremadamente sutiles, nunca soñados. Esos eran los vestidos para cubrir a la “Chispa divina”. A todas estas, el Rey despertó, con mucho cariño me mando seguir el camino. Pidió acercarme a sus habitaciones cuando me fuera indicado, dijo que aún no me necesitaba, mi tarea en los planos de manifestación, no terminaba. Salí con mucho pesar porque la dicha que sentí a su lado era incomparable. Me envolvió un sopor y entre dormida y despierta, oí una música que no pude ubicar. Sentí que algo tocaba mi hombro. Era el viento. Me acariciaba. Suave lamía mi piel. Mi cuerpo, tendido en la hierba, yerto. Con pesadez entreabrí los ojos, a lo lejos divisé la Cordillera Central de los Andes… ¡!
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